lunes, 2 de junio de 2014

La casa del Americano


Los judíos cuentan que existen tres cielos. El primero estaría formado por el aire que nos rodea, en él están las nubes y los pájaros. En el segundo están el sol, la luna y las estrellas. En el tercero vive Dios.
 
Desde el tercer cielo Dios observa la tierra y los demás cielos. Cuentan algunos judíos que Dios abrió en el segundo cielo 365 ventanas para que el Sol, obra suya[1], nos recordara que la Biblia, en 365 ocasiones, afirma “No temas”; de este modo, el sol, que sale por igual para los reyes, las aves del cielo y los lirios del campo, nos anuncia cada día de una forma distinta: “Dios te ama”.
 
Otros, que no niegan son obra de Dios las 365 ventanas, afirman que Éste veía con alegría el juego que mantienen la Luna y el Sol, eternamente enamorados, ella aparece, él la busca, cuando cree alcanzar a la luna, ésta casquivana vuelve a desaparecer; Dios. de quien dicen que siempre le han gustado los juegos amorosos, para prolongar el juego creó estas ventanas, de este modo un día la luna aparece, otro no, otro está creciente, otro menguante, …. y el sol enamorado busca ansioso la ventana que ella abrirá.
 
Algunos hombres, enamorados de ese Dios que nos ama eternamente, han inventado mil formas de emular el anuncio del sol o el juego de la amada luna.
 
Unos, como el primer califa omeya, Abderrahman III, sembrarán los campos que rodean la Medina al-Zahra de almendros, y en la primavera, mañana tras mañana, abrirán una nueva ventana para que la granadina Al-Zahra vea los campos llenos de flores blancas y deje de llorar por no poder contemplar la nieve de Sierra Nevada.

Otros, como en Veracruz, México, construirán la Pirámide de los Nichos en El Tajín con sus 365 ventanas. Puede que el líder totonaca Trece Conejo quisiera emular al Sol o sencillamente recibir la caricia de Dios de forma distinta cada día del año.
 
Más cerca, en Genova, será el Marques de Negroni quien construya un palacio con 365 ventanas para que Elena al mostrar su rostro cada día en una ventana distinta le anuncie “Te amo”. ¿Quién pudiera como Negroni construir un palacio así para la mujer que ama?
 
En Francia, el Castillo de Chambord con su preciosa escalera diseñada por Leonardo da Vinci.

 

En Austria, el Castillo de Eggenberg, homenaje en piedra al calendario gregoriano.
 
En Santander se construirá el Palacio de la Magdalena.
 
Y en Granada,  ... sí, no os sorprendáis, también contamos con un edificio con 365 ventanas; en marzo de 1910, Juan Jiménez Guerrero, “el Americano”, compró una parcela en la Gran Vía, la casa que construyó se conserva en la actualidad. No sé los motivos que tuvo para abrir esas ventanas, cuentan quienes lo conocieron que cuando creía no era observado abría un viejo relicario con un viejo mechón de pelo, ¿o solo fue un capricho?; lo cierto es que los niños contábamos las ventanas queriendo saber si eran 365 ventanas y nunca acabábamos, lo cierto es ... que mirábamos intrigados las ventanas esperando encontrar a Elena, a Aldonza Lorenzo, a Al-Zhara, a la Beatriz de Dante, …

 


 

Aunque ahora que recuerdo nunca acabé de contar todas las ventanas del Americano. ¿Cuántas serán?
Espero tus noticias.

Paz y santa Alegría.
 

 



[1] Génesis 1:16. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.

jueves, 15 de mayo de 2014

Andrés Segovia en Sevilla

Recientemente hablaba con el ilustre profesor de la Universidad de Granada D. Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz, admirado experto en la Historia Eclesiástica de Granada.
 
Durante la charla sacamos a colación la escasa participación de la población en algunos procesos electorales.
 
Recordaba yo alguna anécdota sobre participación del público en algún evento, pero la memoria en esos momentos me falló, no asigné a la persona adecuada los hechos que narraré. Hoy corrijo ese error.
 
Andrés Segovia era muy amigo de amenizar sus conferencias y charlas con anécdotas vividas a lo largo de su muy interesante vida.
 
El maestro contaba que en el arranque de su carrera artística “militante” como él decía, el joven aristócrata sevillano Rafael de Montis le invitó a dar en Sevilla unas cuantas audiciones “retribuidas”, extremo este importante para un artista novel, como era su caso.
 
De este modo dio conciertos en el Ateneo, círculos, casas particulares, casinos, salas públicas, con notable éxito de público. Fueron doce meses que ayudaron al desarrollo del gran genio de la música que fue.
 
Solo hubo un problema, celebró dos conciertos en el Teatro Llorens; tras estas actuaciones, al leer la prensa, se encontró con la mordaz crítica de Juan Lafita:
 
“En el primer concierto de Andrés Segovia no hubo nadie y en el segundo el público bajo bastante”.
 
Crítica que fue recibida con alborozo por sus escasos detractores y alboroto por sus ya muchos seguidores.
 
Juan Lafita es celebrado hoy, en su tierra natal –Sevilla-, por sus crónicas y caricaturas, pero mucho me temo que no era la música su fuerte.
 
 
Andrés Segovia es celebrado en todo el mundo.
 
Y vuelvo a donde empecé, las próximas elecciones europeas, 41 candidaturas concurren en toda España, algunas por segunda o tercera vez, pero podemos afirmar, esta vez posiblemente sin error:
 
“En las primeras elecciones no les voto nadie y en las segundas se redujo bastante el número de sus votantes”.
 
Paz y santa Alegría
 
Javier
 

 

viernes, 25 de abril de 2014

Teatro en Granada II


Continúo. Me había quedado en una hornacina que contiene un extraño cuadro que hay en una calle de Granada.
 
Hoy desvelaré el secreto y su relación con el teatro.
 
Nos situaremos. Puerta Real, antiguo del Postigo del Rastro hasta 1624 en que se le llamó Puerta Real para que entrara por ella Felipe IV, y que en julio de 1936, en los habituales cambios de nombres se le puso “Puerta Real de España”, nuestros munícipes llevados del fervor patriótico propio de las fechas comenzaron a cambiar nombres a diestro y a siniestro, aunque el uso dejó Puerta Real como Puerta Real, Alhóndiga como Alhóndiga, Cárcel Baja como Cárcel Baja, Plaza Nueva, Gracia, Hileras, Pavaneras, Paseo del Salón, … la funesta manía de cambiar el nombre de las calles con los cambios de régimen.
 
Mesones. Mesones de toda la vida, que no Poeta Zorrilla.
 
 
A mano derecha, calle Milagro. Extraño nombre dado a una calle por un milagro que se produjo en ella en 1537. Extraño en una calle que se abrió en 1830. Así que imagino se produciría en la calle Carpinteros o por la Plaza de Cauchiles.

 
Ya que cito el milagro contaré las dos versiones:
 
Según algunos, una noche mientras San Juan de Dios recorría los alrededores de la Plaza Bibarrambla con su capacho y su cayado, pidiendo: “¿Quién haze bien para si mismo?”, encontró a un enfermo tirado en el suelo. Pero nuestro Santo, agotado, cayó al suelo. Y dicen que un joven lo levantó, tomó sobre sus hombros al enfermó y lo llevó al hospital de la calle Lucena. Ese hombre desapareció, siempre se creyó era un ángel.

Dicen otros, que una noche salió nuestro Santo en busca de agua para limpiar el hospital antes citado, por desgracia, en el aljibe que había en la esquina de la calle Lucena con Capuchinas, bien debido a la acumulación de gente o porque no hubiera agua decidió a ir al siguiente aljibe en Bibarrambla, allí tampoco pudo recoger agua y dirigió sus pasos al que existía junto al puente del Álamo; recogida el agua, nuestro Santo, exhausto por el trabajo que Cristo puso sus hombros (“Granada será tu cruz”), volvió al hospital casi arrastrando los pies, su sorpresa fue cuando al entrar el patio lucía regado y barrido, los pasillos brillaban, las habitaciones desprendían ese olor que deja el agua sobre el barro cocido, en la modesta cocina las ollas parecían espejos. Sorprendido preguntaba por la persona que había hecho la limpieza, todos contestaban había sido él.
 
Según las crónicas, el Santo les decía: “¡Cuánto os quiere Dios que tanto os cuida”[1].
 
 
 
Una u otra razón, dieron el nombre a esta calle que, repito, abierta en 1830, mantuvo durante mucho tiempo una cancela en su entrada por Mesones, lo que la convertía en una corrala.
 
Los defensores de estas leyendas mantienen que ésta es la idea que motivó la colocación del cuadro que nos ocupa.
 
Pues no, en mi opinión, no. El origen de este cuadro no está en 1537 sino en 1593. Como se vislumbra no es San Juan de Dios quien lleva de la mano al niño Jesús, es San José quien lleva de la mano a Jesús.
 
1593. Ese año se construye sobre ese solar el Corral de Comedias de Puerta Real, teatro que cerró sus puertas a principios del siglo XIX, tras ser usado como almacén, cárcel, … y es que Granada contaba con un nuevo teatro desde 1810, fecha en la que los franceses inauguraron el Teatro Napoleón en la Plaza del Campillo, actual Mariana Pineda, teatro que tras su salida fue llamado Teatro Cervantes y que algunos conocimos antes de su derribo.
 
 
 
El Corral de Comedias tenía una artística portada de mármol blanco y pardo, con las armas de la Ciudad.
 
El edificio contaba con un patio cuadrado con dos pares de corredores sobre columnas de mármol y, debajo, las gradas. En el primer piso estaban las tarjas (aposentos) y en el segundo los corredores altos de hombre y mujeres, llamados tertulias; en medio la cazuela que os citaba en la anterior entrada, encima del palco de la ciudad, que era el doble que los demás y un poco volado sobre el patio; en la planta baja, además de las gradas, se situaba la mosquetería –primera fila de las mismas-, la botillería y el patio empedrado, al frente el escenario, con los vestuarios de hombres y mujeres detrás, con curiosos reglamentos que impedían el acceso de hombres a éstos vestuarios o la visión de las pantorrillas de las actrices en su entrada al escenario.
 
La puerta que servía de entrada a las mujeres, estaba en la calle de la Carpintería, puerta sobre la que se colocó un cuadro de San José por el gremio de Carpinteros[2].  A esta puerta se acedía subiendo dos desproporcionados, en altura, escalones de madera puestos también por citado gremio, con este ardid mientras las señoras entraban al teatro y fijaban sus ojos en el santo José, elevaban sus faldas para salvar los escalones, mostrando sus níveas piernas para alegría de los carpinteros que daban nombre a la calle.
 
El milagro que producían los escalones citados, mostrando tan secretos encantos, hizo que, en fecha tan temprana como 1629, se nombrase por el rey Felipe IV a D. Pedro de la Cruz como Alguacil de la Casa de Comedias, en la puerta de las mujeres, y se dictasen periódicamente disposiciones para que los carpinteros, los caballeros y otros menestrales que se agolpaban a la salida de las damas guardasen siempre la debida compostura. Lo mismo a esos escalones debe la calle el nombre de Milagro.
 
Pues bien, éste es nuestro cuadro.
 
Así que Armando, a ti, seguidor del carro de Tespis, te lo encargo, cada 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, acércate con la farándula a la calle Milagro y allí frente al cuadro de San José, leed vuestros versos, declamad vuestras mejores páginas, recordad con orgullo que ese es el testimonio más antiguo del teatro en Granada.
 
Al menos mientras que los amigos de lo ajeno no se lo lleven., para lo que haría falta que el Ayuntamiento se decida a no cambiar nombres de calles y si a recuperar nuestro rico patrimonio.
 
Y esta historia, como la de Fernanda Fernández y otras que me ocupan, no la veréis en otras fuentes.
 
Paz y Santa Alegría
 
Javier Pérez Cuadros
 
 

 



[1] 1 GOMEZ MORENO, M. “Primicias históricas de San Juan de Dios” Madrid, 1950. Pp. 214- 215. Leyenda recogida por BELZA Y RUIZ DE LA FUENTE, Julio. “Las calles de Granada”
[2] “En la calle de la Carpintería, a la puerta de la Casa y Coliseo de las Comedias, por donde entran las mujeres, está un famoso cuadro del patriarca señor San José, esposo de la Virgen Santísima, con lámpara que arde, bizarro adorno puesto por la devoción de los maestros de carpintería de aquella calle, a donde en su día celebran grande fiesta con luminarias y grandes fuegos, su víspera en la noche.”
Henríquez de Jorquera, Francisco. Anales de Granada. Granada: Universidad de Granada; 1987. Cap. 38, Tomo I, Pág. 267. Edición preparada por Antonio Marín Ocete.

miércoles, 9 de abril de 2014

Teatro en Granada I


No quiero dejar pasar más días. El paso del tiempo consigue que las noticias dejen de serlo para pasar a ser historias, así que hoy hablaré de mi amigo Armando Molina.

Armando ha debutado recientemente como actor de teatro, no he llegado a leer las críticas a la obra representada pero de seguro serán estupendas.

El día 29 de marzo representaba la Compañía de Teatro Corral del Carbón “La Casa de los siete balcones” de Alejandro Casona, Armando hizo el papel de Uriel.


 
 
En mi libreta secreta, si esa que todos llevamos en el corazón, guardaré alguna de las frases y reflexiones sobre la obra.

Acto primero. Escena segunda. Germán, el doctor, y Genoveva.
 
GERMÁN.- Mis enfermos me necesitan para charlar.
 
GENOVEVA.- ¿Charlar?...
 
GERMÁN.- Ya es lo único que creo. Primero se empieza con los ungüentos caros, después se ensaya con las yerbas, y al final descubres que lo mejor sigue siendo la palabra. El caso es no estorbar y dejar que se curen tranquilos. Adiós, Genoveva.

Acto segundo. Escena tercera. Uriel, la madre y el abuelo.
 
URIEL.- Cómo se pasa a ese lado. Cómo se rompe ese cristal que nos separa.

Acto segundo. Creo que en la escena sexta.
 
URIEL.- ¡Nooo! … (Empuña un hierro y se enfrenta al padre).

Como Genoveva, “mi querida queridísima”, ¿es posible volverse loco de esperanza? ¿es posible leer el pensamiento de la persona que amas sin necesidad de palabras?.

En esta vida hay que aprender a decir NO. Es la palabra más importante.

Así que gracias a Uriel (Armando) y Genoveva soñaré con el Ombú.

Pero mientras le voy a dejar un problema a Armando y a todos mis amigos.

¿Dónde está este cuadro? ¿Qué tiene que ver con el teatro?

 


 Ya me contaréis, mientras pondré a calentar la cazuela, hasta la semana que viene que os daré las respuestas. Salvo que alguien las anticipe.

Paz y santa alegría.

Javier

 

 

martes, 25 de marzo de 2014

Aserrar la vieja

Mañana es un día muy importante, miércoles 26 de marzo, tercera semana de cuaresma; para anticiparme hoy he cogido una hoja de periódico y preparado mi yermo, con las bulas del año pasado me he confeccionado un peto, después he limpiado mi espada de madera, … ¡parece nueva! Y la he guardado bajo mi almohada, ¡mañana!.
Mañana es el día de “aserrar la vieja”, correré con mis amigos por las calles detrás de las viejas cantando:
¡Aserrar la vieja,
La vieja pelleja!,
A la vieja roñosa,
¡Tírale cosa!.
¡Vieja revieja
Vieja pelleja!
¡Aserrar la vieja,
La vieja pelleja!
¡Se tira follones,
Por tos los rincones!
¡La vieja, la vieja,
La vieja pelleja!
….
Como siempre, algunas nos perseguirán con las escobas, pero ganaremos. Después nos tomaremos la merienda que nuestra madre nos ha puesto en la bolsa: rosca, huevo y naranja, … y seguiremos persiguiendo viejas hasta la noche.

Bueno, posiblemente este año ya no lo haga, causaría extrañeza verme con esa indumentaria y propósitos y además ya la Acera del darro no es lo que era, pero es bueno recordar las costumbres que disfrutamos cuando niños y que día a día se pierden.
En Granada fue tradición durante mucho tiempo que los niños corriéramos, en lo que los franceses -que como sabemos son mas elegantes hablando, hasta llaman mademoiselles a las señoritas- celebran como la “Mi Carême”.


Para nosotros consistía en lo que arriba he descrito y era una fiesta especial.
Comenzábamos la Cuaresma colgando una vieja Cuaresma con siete pies de la que cada viernes cortábamos uno, menos el tercero que se le “aserraba” el miércoles, mañana, para señalar la mitad de la cuaresma con regocijo de los niños.
Curiosa fiesta que exportamos incluso a Puente Genil, adonde la llevó Alberto Álvarez de Sotomayor en 1899 y se conserva hasta hoy, pero que hoy está casi perdida en Granada, donde salvo intentos en el Albaicín y en pueblos del cinturón nadie la recuerda.


Diario La Epoca de Granada 13 de Marzo de 1873.

lunes, 24 de marzo de 2014

Duc in Altum!


Hoy un pequeño recorte, lo tomo de la obra "DUC IN ALTUM! Esencia y educación de la magnanimidad"[1], del padre Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.,

Para Alfonso, Javier, Raúl, Juan Alberto, Fermín, Ernesto, Enrique, Fernando, Armando, Rafa  y Conchi, con los que he disfrutado en las catequesis de los dos últimos años.

Hay dos vuelos que simbolizan dos estilos de almas: el de la gallina y el del águila. El vuelo de la gallina es de baja altura, hace ruido, levanta polvo y revoluciona el gallinero. Es un símbolo de las almas rastreras, con ideales horizontales y carreras de corto alcance. Pueden meter mucho ruido y dar que hablar, pero quedan casi inmediatamente en el olvido. Cuando la tierra y las plumas que su alboroto levantó se depositan en el suelo, del vuelo de la gallina nadie se acuerda; fue intrascendente y pasó desapercibido en la historia del gallinero. Las almas que apuntan a metas que no traspasan la sombra que proyecta su nariz pasan sin dejar huella; se alimentan con conquistas tan perecederas como la de nuestra gallina.

El vuelo del águila es desafiante, altivo, veloz e inalcanzable. Su vista es capaz de fijarse en el sol y también de contemplar la plenitud del paisaje desde las cumbres de las nubes. Juega con los vientos, planea, se arroja en picada y vuelve a levantarse con celeridad. Desde sus alturas ve los mares como si fuesen charcos y los lagos y los ríos le descubren sus secretos volviendo para ella trasparentes sus aguas. Es un ave de caza y de lucha. Es símbolo del alma que se siente estrecha en tierra y desahogada en el cielo; del alma que necesita metas lejanas y difíciles, que puede enfrentar asperezas y obstáculos no sólo sin desánimo sino con emoción y gozo. Es el alma que puede aspirar al heroísmo y a la santidad. Su paso deja huella y surco. Y de ella se puede decir lo que el Salmo 83:

“Cuando atraviesa áridos valles,
los convierte en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
camina de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión”.

 









 




Nada que añadir, o si: el llamado que nos hacía con frecuencia el papa Juan Pablo II, Duc in Altum! (Lucas 5:4), rema mar adentro, atrévete, acércate a Cristo. Ahora os toca a cada uno de vosotros decidir. Duc in Altum!



[1] Fuentes, M. Duc in Altum!: Esencia y educación de la magnanimidad. Mendoza (Argentina): Ediciones del Verbo Encarnado, 2008.

domingo, 23 de marzo de 2014

El Bar Kustrakias, pionero de las tapas en España


Desde el pasado día 10 hasta ayer, 22, se ha celebrado en Granada la sexta edición del concurso Granada de Tapas, acontecimiento que nos va a servir para recordar a los pioneros de la tapa.
 
Si tuviéramos que hacer caso a Wikipedia, la tapa podría tener dos orígenes, el primero sería el resultado del “periodo de escasez provocado durante la guerra civil española[1] y el segundo sería el “avisillo” citado por Quevedo en el primer capítulo de la Vida del Buscón; pero me temo que, en el primer caso, la existencia los precedentes que citaré más abajo desmonta ese origen y, en el segundo, creo solo se basa en el deseo de buscar un origen centenario en lo que no fue más que, si seguimos leyendo ese capítulo del Buscón, la cita de que comieron salchichas a la vez que bebían, pero omiten, quienes mantienen esta teoría, que tras el “avisillo” se sirvió un caldo, por lo que posiblemente no se trataba más que de una entrada o “avisillo” de la comida.
 
Para el caso que nos ocupa el primer documento fiable sobre su existencia proviene del periódico El Defensor de Granada, en el número de 5 de marzo de 1922, donde junto a noticias de relieve como la conferencia de Federico García Lorca sobre el tema: Importancia artística e histórica del canto primitivo andaluz llamado cante jondo, pronunciada el 19 de febrero, prólogo del Concurso de Cante Jondo que se celebraría en el mes de junio y el manifiesto de los obispos españoles del 4 de marzo, en el que afirmaban:

En los tiempos que alcanzamos, los peligros se denuncian a sí mismos con siniestras llamaradas y con satánicos rugidos; el orden y la paz social están socavados por ideas y por hechos aterradores; la familia se desmorona; el obrero sufre y hace sufrir; la autoridad es impotente para contenerle desbordamiento de vicio, ambiciones y venganzas; la ignorancia y el descreimiento son frecuentes en todas las clases sociales.
Peligros pavorosos amenazan a la Iglesia y a la Patria, y mayores a ésta que a aquella ya que su divino fundador ha garantizado la perenne vitalidad y el definitivo triunfo de la Iglesia”.
 
(Bueno, no temáis, no anunciaban el fin del mundo, solo pedían ayuda económica para crear una Universidad Social).

Pero volvamos al tema, en ese día se anunciaba:


(maceta[2])

Esta vena poética del dueño del Bar Kustrakias se repetía con frecuencia, y si un día anunciaba:


Otro decía:

 


Claro que sus reformas no se limitaron a las Kustrakias (tapas) sino que, como veis, bajó el servicio de café a QUINCE céntimos, “que podrán saborear los más inteligentes”.
 
Estas Kustrakias seran para nuestro paisano Julio Belza[3] las primeras tapas gratuitas que se sirvieron en España; de ser así, estaríamos ante el origen primigenio de la tapa.

Debo confesar que he tratado de localizar otras referencias sobre la tapa en la prensa del siglo XX y las más antiguas, siempre posteriores a las citadas, son:
 
La Antigua Casa de la Viuda, de Sevilla, que anunciaba en abril de 1922[4] se servían “tapas” al estilo clásico andaluz, lo que nos hace dudar de la bienintencionada atribución del genial Belza,

y, entre otros, el primer anuncio del que tengo constancia en Madrid, La Casa de Paco en diciembre de 1924[5]:

 
Por ello, veo más fiable la explicación que D. José Acosta Medina (1893-1974), y perdonadme use el Don, pero es que a él debo agradecerle que me inyectara en vena, día a día, paseo a paseo, el amor a Granada; pero retomo el tema de la tapa, D. José[6] mantenía que en los años 10 y 20 del siglo pasado comenzaron a servirse en los merenderos de la vega de Granada, con el vino blanco o tinto, un trozo de morcilla que entraba en los diez céntimos que costaba la maceta o, cuando ya no quedaban existencias de la matanza o la época no era adecuada, aceitunas aliñadas o cacahuetes, cobrando éstas dos últimas a perrilla el vagón, nombre que se daba al balanzón o lata con la que se medían.
 
D. José me explicaba, y lo recogió en la obra citada, que el “emprendedor” propietario del Bar Kustraquias abrió el mismo en los años veinte. El pequeño bar de la calle Puentezuelas, contaba solo con un pequeño mostrador en el que los distraídos que pusieran las manos se quedaban pegados, propiedad que no se debía al tipo de madera sino a la falta de limpieza y/o a la materia que desprendía el viejo paño de limpiar mostrador y enseres. El citado bar se hizo pronto famoso por sus “kustraquias”, manteniendo siempre fijo el precio de la maceta, diez céntimos a la segunda correspondía una kustraquia superior a la primera, a la tercera superior a la segunda, … hasta que el cuerpo y el monedero, que en estos temas influye, aguantaran. Estas tapas eran identificadas por una letra, que el dueño, al pedirlas a la cocina, pronunciaba con voz potente; la clientela animada miraba rápidamente al catón improvisado en la pizarra del bar e identificaba la tapa: la “C”, boquerones; la “F”, chicharrones; … seamos sinceros, pocos clientes pasaron de la quinta o sexta letra, sus artes pedagógicas estaban limitadas por los diez céntimos de la maceta y el aguante del cliente ante los “exquisitos” caldos servidos en esa casa.
 
Pronto este negocio, que parecía ser tan rentable, no pudo pagar a sus proveedores y cerró. Aunque nuestro “emprendedor” no renunció, días después, con otro nombre, abría en la calle Cobas, en la Manigua, un nuevo establecimiento no mucho más grande, aunque daba a tres calles. Lo que fue un acierto, en sus proximidades se encontraba el Ayuntamiento, Correos y algunas entidades bancarias de importancia; pronto los días de cobro el local se convirtió en la escuela con más alumnos de Granada, al menos adultos, para alegría de los funcionarios y desdicha de sus esposas que veían ligeramente mermada la paga. Una vez mas, el negocio fue a la quiebra, ya decía Quevedo que “nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres”.
 
Por lo que, eludiendo en lo posible el pago a los proveedores, cerró y abrió un nuevo local a espaldas de la Carrera del Genil, “El Mulhacén” del que nunca me dijo D. José como acabó.
 
Y ahí dónde D. José Acosta dejó esta historia, acabo yo, solo quería recordar con ocasión de Granada de Tapas a los pioneros de la tapa en Granada y, quizás, en España.
 

Paz y Santa Alegría.

Javier Pérez.



[1] Colaboradores de Wikipedia. Redefinición de tapa de 2014 [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2014 [fecha de consulta: 16 de marzo del 2014]. Disponible en <http://es.wikipedia.org/wiki/Tapa_(alimento)>.
[2] En el argot típico granadino “maceta” es un vaso grande de vino, algo mayor que la media caña.
Hace ya muchos años se perdió la tienda de los Álvarez en Mesones donde podías comprar macetas y vasos de media caña.
[3] Belza J. La Calle Reyes Católicos de Granada: Un viaje al pasado. Granada: Ediciones Albaida; 1993.
[4] El Imparcial, 14 de abril de 1922.
[5] El Globo, 22 de diciembre de 1924.
[6] Acosta, J. La Granada de Ayer. Granada: Imprenta Márquez; 1973.