domingo, 1 de abril de 2018
Campanillas de Gloria
Hoy me quiero referir a las Campanillas de Gloria, y es que esas pequeñas campanas que hemos podido ver en las calles han sido durante tiempo inmemorial una costumbre típica de Granada, el Sábado de Gloria, una vez las campanas de la Catedral repicaban anunciando la Resurrección y eran contestadas por las de todas las iglesias de la diócesis, los jóvenes y mayores realizaban grandes detonaciones con escopetas y pistolas en las azoteas, mientras los niños corrían perros con latas atadas al rabo y repicaban rabiosamente en campanillas de barro, esta sonora costumbre venía acompañada según documentos conservados en el Museo de la Casa de los Tiros con lanzamiento de berzas y patatas a los viandantes que andaban confiados por las calles.
Debo de decir que si el lanzamiento de berzas u patatas decayó gracias al celo de los agentes de la autoridad o quizás, como se señalaba en 1918 por el Noticiero Granadino, por la subida del precio de los artículos agrícolas; los disparos no cesaban, la prensa recoge que algún año hubo más de 4.000 disparos en las calles de Granada, “desahogos rifeños” fueron llamados en 1912 por un anónimo colaborador de El Defensor de Granada, que solo desaparecieron cuando se instaura la II República y decae el interés ante las costumbres religiosas. Desde 1931 para acá pocas veces se han producido estas ruidosas manifestaciones.
La tradición que si se mantuvo fue la de las campanillas de Gloria, quizás por formar parte de juegos infantiles ligados a las estaciones del año.
En los años veinte del siglo pasado la Cofradía del Señor de la Humildad y Soledad de Nuestra Señora con sede en Santa Escolástica comienza a ir acompañada de niños llevando faroles alrededor de un paso con el Niño Resucitado, el ingenio popular termina denominando a estos niños facundillos, burlándose de su baja altura y el farol.
La canción de corro dice:
.
Por la carretera sube,
¿quién sube?, ¿quién sube?
Facundo con un farol.
Auxilio, guardias civiles,
civiles, civiles,
que en mi casa hay un ladrón.
Ha roto siete tinajas,
tinajas, tinajas;
ha roto siete tinajas,
un barril y un garrafón.
.
Las costumbres imperantes en los años en los que estos niños empezaron a salir, los miércoles en el itinerario regular y el viernes hasta el Campo del Príncipe, no permitían emitir ruido alguno, por lo que debemos diferenciar el origen de los facundillos de las campanillas de Gloria. Sirva como ejemplo de esta severidad con la emisión de ruidos el incendio ocurrido en la noche del Viernes Santo de 1908 en el ventorrillo denominado El Rey Chico, en la Cuesta de los Chinos, tanto el campanero de San Pedro como el de la Catedral se negaron a tocar a incendio para no romper el silencio debido en esas fechas, cuando las autoridades obligaron a los campaneros al toque ya habían transcurrido varias horas y el merendero no era más que cenizas.
Con el tiempo los facundillos fueron desapareciendo, fue con el renacer de los mismos, en 1981, cuando cambiadas las costumbres sustituyen los farolillos por las campanillas de Gloria que toman prestadas de una tradición secular anterior a ellos.
Es decir, los facundillos tocan hoy campanillas de Gloria, pero éstas son una costumbre de los niños de Granada muy anterior a la existencia de ellos.
Y acabo, que aunque la Octava de Pascua engloba a los ocho días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el II Domingo de Pascua proceden los buenos deseos al principio.
Ya solo me queda desearos una Feliz Pascua, Jesús vence a la muerte, ahora nos toca a nosotros vencer a la apatía, tenemos ocho días para ensayar cara de creer en la Resurrección, sonrisa de nuestra certeza en la Gracia gratuita de nuestro perdón, así que al espejo y a ensayar, un secreto antes de los ensayos: “El corazón alegre hermosea el rostro” (Proverbios 15:13), así que borrar arrugas del corazón, llegan a la cara.
Poco más, la confianza de que a pesar de nuestra ignorancia Dios nos quiere, que valemos mucho para Él (Isaías 43:4-6), ¿Cómo no si su Hijo murió desnudo y en cruz?
Paz y santa Alegría
Javier
(Las manos inocentes me las prestan mis nietos)
viernes, 16 de marzo de 2018
Domingo de Lázaro
Días pasados leía la noticia de un militar español que ha recibido la máxima condecoración militar de la UE por su actuación en Mali repeliendo un ataque yihadista, me sorprendía porque son muy escasos los merecedores de esa distinción –cinco-; porque es el único español que la ha recibido, y porque su hazaña bélica, perdón, con armas en defensa de población civil, la realizó en bañador –era lo que llevaba en ese momento-. Pero especialmente por sus palabras: “Uno es militar las 24 horas del día. Nunca cuelgas el uniforme”, máxime cuando iba en bañador.
El comandante Franco Fernández merece esa distinción y nuestro reconocimiento.
La noticia y especialmente sus palabras me recordaron nuestro presente, el médico ya no vive en el pueblo, hoy suena extraño decir que un médico, p. ej. d. Emilio Jiménez Amigo, se dedicó cincuenta años al barrio en que vivía –el Albayzín-, claro que quizás sea la placa que le dedicaron en el barrio la única dedicada a un médico; el maestro ya no se vive en el pueblo al que sirve; el farmacéutico, más de lo mismo; el guardia civil, ídem, eadem; el cura,… ¿Quién le puede comentar a cualquiera de ellos ¿cómo está Isabel la buñolera?, ninguno la conoce. Qué pena. Pocos pueden decir como el Comandante Franco que su vocación ocupa las 24 horas del día, hasta cuando se está en bañador.
Pero una vez más me he desviado, el tema de hoy era el tiempo litúrgico, me explicaré, en estas semanas me he dedicado en unos medios u otros a recoger por escrito mis recuerdos de Cuaresma, si un día os recordé el Domingo de Rebeca o del Oculi, otro os hablé del llamado Miércoles de Epheta, del sordo, o del ciego, que ambas denominaciones sobrevivían, en el que los catecúmenos que iban a ser recibidos en la Pascua eran examinados; miércoles en el que los niños celebrábamos el entierro de la vieja, costumbre que ya comenté anteriormente por lo que omito su descripción que encontrareis en otra entrada de este blog; otro día lo dediqué al Domingo de Laetare o de los Cinco Panes, día en el que los Papas bendicen la Rosa de Oro, y hoy me toca el último, el V Domingo de Pascua, el próximo día 18, llamado Domingo de Lázaro o Domingo de Pascua. Y a él quiero dedicar este comentario.
Comenzaré diciendo que yo fui un niño afortunado, viví mi infancia en la Acera del Darro dónde nací, lugar que por aquellos años era una de las dos entradas de Granada, a Granada se entraba por el Triunfo o por el Puente del Genil, a veinte metros escasos de mi casa estaba la parada de todos los tranvías de la vega y un poco más allá la parada de las “alsinas”, el circo se instalaba en mi puerta, la feria a unos pasos, los ebanistas recogían álamos en la encrucijada del Genil con el Darro, las gatas parían bajo el puente, por el puente pasaban centenares de personajes y como decía el dicho popular “todos los días pasa un tonto por el puente del Genil”, aprendí a reconocerlos por la sombra, en especial a los que gastaban o gastan, que aún los hay, ínfulas, llevaran toga, birrete o alzacuellos.
¡Ay!, una vez más me alejo, trataré de centrarme. El V Domingo de Cuaresma era un día especial, la luna nueva que siempre le precede –como recordaréis la Semana Santa se celebra el primer domingo de luna llena después del equinoccio primaveral (alrededor del 21 de marzo), luego el domingo anterior al de Ramos cae después de la Luna nueva-, nos recordaba que tras la muerte corporal hay una vida gloriosa y la Iglesia desde tiempo secular quiso que en este domingo los cristianos recordáramos la Resurrección de Lázaro, lectura que durante mucho tiempo se hacia este día.
En el mismo día, junto a la belleza de la Resurrección, se realizaba –si mal no recuerdo- el “oscurecimiento” de nuestras iglesias, los altares se cubrían de inmensos paños morados, toda la estructura del edificio parecía llamarnos al arrepentimiento, al silencio, a la esperanza en la Resurrección de Jesús que ya veíamos próxima.
Este Domingo de Lázaro es una de las costumbres más antiguas documentadas sobre la pasión, nuestros hermanos ortodoxos lo celebran el sábado previo al Domingo de Ramos y ya nuestra paisana la virgen Egeria narra que en el año 382 se acostumbraba en Jerusalén a congregarse a la hora séptima, la una después del mediodía, en el Lazarium o Betania donde se celebraba con cánticos y lecturas la resurrección de Lázaro.
La costumbre se extendió con el tiempo a toda la cristiandad, unos, los ortodoxos, continúan celebrándolo el sábado previo al Domingo de Ramos; otros, los católicos e iglesias segregadas de esta corriente, lo celebran el domingo anterior –debo agradecer a mi amigo el pastor Metodista Fernando Santillana sus comunicaciones desde Centroamérica sobre éstas y otras celebraciones-. Costumbre que algún amigo mío quiso ver como exclusiva de Granada (Mariano Cruz Romero, Ritual de la Cocina Albaycinera, pág. 16) pero que no lo es.
Lo que si es propio de Granada, que no solo del Albayzín como apuntaba mi amigo Mariano –excelente persona con la que compartí juegos infantiles y más-, son los Roscos de San Lázaro, costumbre ya casi desparecida. Debo a mis amigos José Miguel Reyes, excelente conocedor de las tradiciones molineras de Granada, y David Cuerva, párroco de Viznar, la localización de establecimientos que vendan en estos días éstos roscos, los dulces, previo encargo en la casa Pasteles, los de siempre, los roscos de garbanzo en los quioscos de Plaza Nueva y Plaza de la Mariana y en la panadería de la calle de San Antón.
Pero si he de ser sincero debo citar también las costumbres más crueles alrededor de este este domingo, costumbres que desaparecieron en 1834, imagináis, ayer, que a veces creemos que son costumbres medievales, y es que hasta dicho año se mantuvo la costumbre de que la Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de la Misericordia, del Hospital del Corpus Christi diera entierro piadoso a los cuerpos de los ajusticiados en el año anterior; tras la ejecución de los condenados sus cuartos –entiéndase fragmentos del cuerpo humano- o cadáveres se mantenían a la vista, sin darles sepultura, un palo señalaba su localización y servía para que el viajante, en nuestro caso, los que atravesaban el puente arrojaban una piedra sobre ellos a la vez que rezaban un padre nuestro para su eterno descanso.Este día se recogían los restos, cráneos con restos de pelo, huesos destrozados por las alimañas,…, y se exponían sobre una inmunda bayeta para recoger fondos para la Hermandad.
Como dicen antiguos documentos:
«Está fundada en este hospital una grandiosa cofradía, con título del Santísimo Cuerpo y Cristo y Misericordia, exenta del prelado para la provisión del rector. que se ha de proveer en hijo de hermano y cofrade. Acompaña esta cofradía a los ajusticiados con mucha cera y los entierra y ansi mesmo hace el domingo de Lázaro una solemnísima procesión o entierro a los que han echo quartos o han asaetado, cuyas casas llega la mayor nobleza y caballería de Granada y los entierros en capilla dedicada para este efecto. Gánase todos los días en esta santa casa indulgencias plenarias, por donde es muy frecuentada y se celebran en ella muchas misas, hasta la una del día, a donde todos los clérigos pobres y forasteros tienen cierta limosna de la misa. Hacen los hermanos desta insigne cofradía grandes y apretadas pruebas de cristianos viejos, y a los que vienen a pobreza se les acude con limosnas y loa entierran a costa de la cofradía».
Y acabo, que mañana a mediodía me pillará la luna nueva que anuncia la resurrección de Lázaro y debo descansar-
Y además no todo tiene que ser triste, os he recordado que se `puede reconocer a un tonto lleve toga, alzacuellos o birrete, os he recordado los roscos de san Lázaro, y lo más importante os recuerdo la certeza de que valemos mucho para Dios (Isaías 43:4-6), confiad en Él.
Paz y santa Alegría
Javier
sábado, 6 de enero de 2018
Melchor, nuestro paisano
Una vez más tarde, el deseo de documentarme no me permite llegar a tiempo, si hubiera estudiado periodismo me temo me hubiesen despedido el primer día; el cierre de las galeradas se habría producido horas antes de acabar mi texto. El 7 de enero hablaré del 6.
Pero como sois más pacientes y el tema lo merece trataré de contarlo.
Recordaba con mis nietos y nietas, hijas y demás familia que para los granadinos la festividad de los Reyes Magos tiene un significado especial y no solo porque sea la única ciudad española que lleva más de un siglo ofreciendo una cabalgata de Reyes –posiblemente la más antigua-, sino porque la presencia de Granada en el portal de Belén se remonta a hace 2018 años.
Sí, me explicaré, en mis buscas y rebuscas por las hemerotecas aún recuerdo el día que encontré un artículo del genial Zirto, uno de los mejores periodistas que han retratado Granada (Zirto, Cándido García Ortiz de Villajos, toledano de nacimiento y granadino por convicción, redactor jefe de IDEAL durante muchos años y Jefe de Administración de la Hacienda Pública en Granada, publicó durante decenas unas siluetas de Granada).
El día 1 de enero de 1935, Zirto nos recordaba las investigaciones realizadas en 1769 por el P. Francisco de Alcántara, religioso franciscano, tras las que pudo afirmar que el rey Melchor era granadino y que el oro ofrecido había sido extraído del Darro.
Es posible que alguno no se lo crea pero como señalaba Zirto “la fiesta de los Reyes Magos es la fiesta de los crédulos”, creer es el pasaporte de la felicidad.
Evidencias quedaron en la Biblia, el salmo 72 lo anunciaba:
“Los reyes de Tharsis y de las islas traerán presentes: Los reyes de Sheba y de Seba ofrecerán dones.
Y arrodillarse han á él todos los reyes; Le servirán todas las gentes.
Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.
Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará las almas de los pobres.”
(Salmo 72:10-13)
En el siglo VI el venerable Beda lo confirma Melchor, Gaspar y Baltasar procedían de Europa, Asía y África, volveré a la Biblia, Tharsis=Andalucía, Sheba=Saba, en Etiopía; Seba=Yemen.
Y acabo, la noche de ilusión ha acabado también, ahora nos toca soñar en ese mundo feliz que nos anuncia el salmista:
“Porque él librará al menesteroso que clamare, Y al afligido que no tuviere quien le socorra.
Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará las almas de los pobres.”
Nuestro paisano Melchor nos ayudará en este sueño.
Para acompañar el comentario pondré un fragmento de la cabecera del artículo de Zirto y la imagen más antigua que se conserva de los Reyes Magos en San Apolinar Nuovo, Rávena (Italia).
viernes, 22 de diciembre de 2017
El Gallo de Navidad II
| Belén montado por el Ayuntamiento de Granada en 2017 |
En la nota anterior os contaba una vieja costumbre heredada de mi madre que mantenemos en mi casa, en el portal de Belén no puede faltar un gallo, os recordaba que desconocía las orígenes de esa costumbre, lo hacía mi abuelo, lo hacía mi madre, lo ha mantenido mis hermanos y hermana, lo mantienen mis hijas y espero lo hagan mis nietos; os contaba también que había encontrado un villancico que recogía esta tradición:
A las doce de la noche,
un gallo me despertó,
con su canto tan alegre,
diciendo Cristo nació.
Os decía que según leyendas muy antiguas fue el gallo quien dio el primer testimonio del nacimiento de nuestro Salvador, él que al presenciar el acontecimiento cantó rápidamente para pregonar la buena nueva: primero despertando a la mula y al buey, luego llamando a los pastores y a sus ovejas y más tarde a las gentes que vivían en la región, y que el Evangelio Egipcio de Jesús recogía la importancia del canto del gallo en el nacimiento e infancia de Jesús; no me alargaré más podéis leerla más abajo pero hoy os quiero transmitir otra bella historia que me contaron.
![]() |
| Mi pobre gallo, un pelín deteriorado por el paso del tiempo |
En la noche de Navidad, al nacer Jesús un gallo gritó: “¡Christus natus est!, ¡Christus natus est!” (Cristo ha nacido); al oírlo el pato graznó: “¿Quando?, ¿Quando?”; el cuervo, moviendo sus alas como dándose importancia, graznó: “In hac nocte” (En esta noche); el buey sobresaltado mugió: “¿Ubi? ¿Ubi?” (¡Dónde!, ¡Dónde!), a lo que respondió una pequeña oveja con un balido: “Betlehem, Betlehem” y el asno, deseando calentar al niño con su aliento, rebuzno: “¡Eamus!, ¡Eamus!” (vamos, vamos).
Quien me la contó dijo que la historia era cierta y que en la noche del veinticuatro los animales hablan como las personas para alabar a nuestro niño Dios, ¿será posible?. Yo, en recuerdo a estas bellas criaturas de Dios sigo poniendo el gallo, si hablan o no el día 25 me lo contáis.
jueves, 21 de diciembre de 2017
El Gallo de Navidad
En enero pasado visitando belenes, en una de las iglesias por las que pasé me llamó la atención la
presencia de unos gallos, como en el belén de casa donde desde mi
infancia en el portal siempre ha habido un gallo, al principio lo ponía mi madre, después los hermanos reñíamos por ponerlo, bueno poner esa figura y las demás los primeros; más tarde fueron mis hijas y ya casi empiezan los nietos a tomar el relevo.
Muchas veces he pensado que este gesto que repetía era
similar a las historias de Tony de Mello (la culata del rifle es de madera de
nogal porque lo manda el reglamento, es decir podía deberse solo a que un día a
alguien le gustó y desde entonces se repite), pero la presencia en el belén
citado me movió a la curiosidad.
Puede que mi madre repitiera un gesto tradicional de la
familia del que nunca sabré el origen, posiblemente nació de una sencilla
iniciativa de mi abuelo o quizás de mi abuela, o quizás sus padres se lo
transmitieron a ellos, lo cierto es que la imagen me movió a buscar los
precedentes y los encontré; comenzaré con un viejo villancico:
A las doce de la noche,
todos los gallos cantaron,
y en su canto anunciaron,
que el Niño Jesús nació.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Señora doña María,
aquí le traigo unas peras,
aunque no están muy maduras,
cocidas están muy buenas.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
A las doce de la noche,
un gallo me despertó,
con su canto tan alegre,
diciendo Cristo nació.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
En el portal de Belén,
hacen lumbre los pastores,
para calentar al Niño,
que ha nacido entre las flores.
Junto al villancico descubrí la existencia de una muy
antigua leyenda que narra la existencia de un gallo en el Portal de Belén en el
momento del nacimiento de Jesús. Se dice, que fue él quien dio el primer
testimonio del nacimiento de nuestro Salvador, él que al presenciar el
acontecimiento cantó rápidamente para pregonar la buena nueva: primero
despertando a la mula y al buey, luego llamando a los pastores y a sus ovejas y
más tarde a las gentes que vivían en la región. Se cuenta que este canto motivó
se diga que la venida al mundo de Cristo fue anunciada “ad galli cantus”, es
decir, “al canto del gallo”.
Por esa razón, dicen, se celebraban tres misas en la
Nochebuena, la primera es la del gallo o de la aurora, la segunda es la misa de
los pastores, y la tercera es la de la gente.
En la primera, cuentan era habitual que un niño imitara el
canto del gallo o bien llevaran directamente un gallo.
Y poco más, la costumbre que mi madre me inculcó tenía un
fundamento y yo dejo este testimonio para que mis hijas y nietos no olviden
nunca colocar un gallo sobre el portal.
En cualquier caso es curioso, el Evangelio Egipcio de Jesús
insiste en la relevancia del gallo, en el Capítulo VII, versículo 1, los magos
se ponen en camino tras cantar el gallo; en el capítulo IX, versículo 1, José
se pone en camino a Egipto tras cantar el gallo.
El autor insiste en cada uno de esos capítulos en decir
"al primer canto del gallo". Un animal común parece regir los
destinos de los hombres.
Como también resulta curioso que el anuncio de su venida lo
haga un gallo y su pasión la anuncie otro gallo:
"Y le dijo Jesús:
De cierto te digo que tú,
hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos
veces, me negarás tres veces."
(Marcos 14:30)
Y de momento dejo al gallo, son líneas que escribí en esas fechas y que no inserté en este blog, mañana quiero continuar con nuevos datos sobre el tema y he preferido recuperar éstos primero.
miércoles, 6 de diciembre de 2017
Callejero de Granada
Pasaba la noche hojeando páginas de El Defensor de Granada y encontré este bonito artículo de El Duende con Gafas que me resisto a no compartir.
Comenzaré diciendo que el "Duende con gafas" era Constantino Ruiz Carnero, director del periódico en su etapa final y el artículo lo publica el 8 de marzo de 1929, aun cuando hoy nos pueden sonar extraños algunos de los rótulos de nuestras calles no deja de retratar una realidad que se mantiene y se mantendrá en nuestra ciudad.
Constantino, genial periodista, compartió con mi abuelo pupitres escolares, mesas de redacción y represión por los rebeldes -él murió, mi abuelo fue desterrado-, sirva como recuerdo de ambos.
Granada, sus plazas y sus calles
La voz interior. Un paseo arbitrario. La ironía de los nombres. Paz y dulzura. Lo heroico y lo popular. Un respetable lío
-
Verán ustedes... Ayer por la mañana escuché una voz interior que me decía:
—«Duende», es necesario callejear un poco Estás sumido en el ostracismo y te vas a morir de melancolía. Hace falta que te preocupes de la cosa pública... Ya ves, si ahora hay quien se opone a que la cuesta de las Arremangadas siga siendo la cuesta de las Arremangadas. Por la misma razón, mañana puede pedir cualquier ciudadano que el callejón de Poco Trigo cambie la escasa cosecha de su nombre por otro producto agrícola de mayor rendimiento. Y entonces, ¡adiós lo típico! Es indispensable que salgas a la plaza pública y defiendas los valores representativos del «sabor local».
—Pero, hombre—contesté o mi voz interior—, ¡si es que algunas calles tienen unos nombres tan absurdos! ¿Tú crees que puede influir mucho en eso del localismo el hecho de que un sitio público se llame plaza de los Lobos o plaza de Rull y Godinez? Además, yo soy un escéptico del «sabor local».
—No seas majadero... Todo eso es interesante. Vamos a ver: ¿tú sabes dónde está la calle del General Novaliches?
—No la he oído nombrar nunca.
— ¿Lo ves? Pues está en Granada, en la popularísima calle Almona de San Juan de Dios.
—Me dejas atónito.
— ¿Y la plaza de Rafael Branchant?
—Tampoco.
—Pues es nada menos que la plaza de Santa Ana, con lo gentilísima torre de su iglesia y con su clásico «se despide el duelo».
—Sigo desconcertado.
—Pues hay mucho más. Supón que yo te envío ahora a le calle de Espartero.
—Tendría que preguntarle a un guardia de la porra.
—Y, sin embargo, ahí la tienes: la calle del Príncipe.
— ¿Y las plazas de Cánovas del Castillo y de Rodríguez Bolívar?
—No los conozco.
—Pues muy sencillo: la popular plaza del Carmen y la hermosísima y no menos popular plaza Nueva.
—Chico, parezco un forastero.
—Tienes todas las características de un «cateto» irremediable... Vámonos a dar un paseo y verás cosas muy curiosas. ¡Hombre sin fe! Es necesario que te aficiones al «sabor local». Las calles tienen siempre una característica, una tradición, que son las que han forjado el nombre popular con que se las conoce.
—No me descubras el Mediterráneo...
—Lo que pienso descubrir es tu ignorancia. ¿Andando?
—Lo que tú quieras.
• • •
Un servidor de ustedes, acompañado de su voz interior, se ha puesto a callejear para descubrir sitios pintorescos y tradicionales.
MI voz interior tiene hoy una locuacidad abrumadora.
—Mira—me dice—en esto de las calles suele haber muy graciosas ironías. Ahí tienes la calle de Paco Seco. Pues a la calle de Paco Seco se entra por la calle de Aguado. ¿Qué te parece?
— ¡Absurdo!
—Hay calles nutritivas. Por ejemplo: la calle del Pan y la placeta del Queso. También figura en esta categoría alimenticia el Boquerón, que es de lo más castizo de Granada.
—Sería horrible vivir en la calle del Pan y morirse de hambre...
—No digas estupideces, «Duende». Estás desentrenado en materia de ingenio. ¿Tú sabes dónde viviría a gusto un hombre apacible?
— ¿Dónde?
—En la placeta del Abad. El nombre respira quietud y placidez. También podría vivir muy a gusto en la calle del Silencio. ¿Y un enamorado?
—En un carmen del Albayzín.
— ¡Bach! Para un enamorado no hay cosa mejor que la calle de Corazones; la placeta del Gozo o la del Beso. Ríete de los cármenes.
—Llevas razón
—Además, fíjate; hay calles y piezas con nombres empalagosos; la placeta del Azúcar es una de ellas. Demasiado dulce... Y no te digo nada de la calle María La Miel. La nombro y me entra «dentera». Se llena la boca de dulzura insoportable; María La Miel... Eso no lo aguanta ni un confitero.
—No exageres.
—En cambio, ahí tienes varías calles con nombres rotundos y heroicos: Lepanto, Gran Capitán, Narváez, Dan Juan de Austria,.. Otras se nos muestran floridas y perfumados: la calle del Clavel, la del Jazmín, la de Jardines... Algunas, como la del Ciprés, tienen una gran melancolía. Las hay completamente fúnebres: la cuesta del Muerto, la calle del Ataúd... ¡Cualquiera pasa por ahí! Echemos por otro lado.
— ¿Eres supersticioso?
—Soy previsor. Por esa misma razón no vivirla en la calle de la Tiña. Ni en la de Pegarrecio.
—Hombre, se me ocurre un chiste.
—Me alarmas.
— ¿Tú sabes dónde no puede vivir un zapatero? ¿No aciertas? Pues en la plaza de las Descalzas.
—Lo dicho, «Duende»; estás desentrenado. . Vamos a otra cosa. La infancia tiene una singular representación en la nomenclatura de la ciudad. Hay las siguientes calles: Niño del Royo, Niños Luchando y Niños Dormidos. En esta última, parece que le van a decir a los transeúntes: «¡Callad, que no se despierten!» —Ahora eres tú el que dice tonterías. —Me has contagiado... Ahí tienes una calle que da miedo: la del Trabuco. Y otra realmente intolerable: la calle Sucia. ¿Cómo consiente el Ayuntamiento que haya una calle sucia y que además tenga el descaro de proclamarlo como un timbre de honor? A ver, ¡que la limpien inmediatamente!
—Estamos conformes.
—Me alegro. Una vía exótica: la cuesta de los Chinos. Esta cuesta se llama así antes de que vinieran los «amarillos» para vender collares «balatos». Una calle peligrosa: la del Duende... Los Arcos tienen una lúcida representación: Arco de las Cucharas, Arco de las Orejas, Arco de las Pesas... También los granadinos tienen predilección por Santa Paula, como podrás ver: Cocheras de Santa Paula, Bolsillo de Santa Paula, Tendillas de Santa Paula... Por cierto, hay cola de nombres. Te citaré calle Faltriquera de San Matías.
—Eres un gran erudito.
—Regular. Pero concluyamos porque ya estoy harto de tanto callejeo. ¿Quieres el nombre de dos vías complicadas y difíciles? Pues ahí tienes la cuesta de Marañas y las Siete Revueltas. Y hagamos punto.
Ni una palabra más.
• • •
Mi voz interior ha guardado silencio, dejándome con la palabra en la boca en medio de la calle de Cristino Martos. Un guardia me ha dicho que aquélla es la antigua calle de Buen Suceso, y gracias a estos informes he podido orientarme.
Por la plaza de Melchor Almagro (antes de la Trinidad), he salido a la del Poeta Zorrilla («neé» Mesones), para dirigirme a la calle del Marqués de Portago (antes San Matías).
La verdad es que estoy bastante confuso y temo haberme hecho un lio con los nombres, complicando la cuestión más de la cuenta.
Pero de todos modos, esto, a mi modesto entender, está clarísimo; tan claro, por lo menos, como la calle del Agua. Hay que revisar esto de los nombres, respetando su «sabor» popular.
Si algún error he cometido, que el lector me perdone. Estoy, realmente, un poco desentrenado. Ya me lo decía mi voz interior con su habitual franqueza. Y mi voz interior no me engaña nunca.
EL DUENDE CON GAFAS
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NOTAS:
1. El General Novaliches realmente era el Marqués de Novaliches, el general Pavía, al que se le dedicó la calle Almona de San Juan de Dios como gratificación por disolver el 12 de agosto de 1873 el cantón granadino sin disparar un solo tiro.
2. Rafael Branchat y Vime de Prada fue un médico natural de Alhama que desde sus diversas ocupaciones Catedrático, concejal, diputado, teniente de alcalde, ... se destacó por el cuidado de la salud de los granadinos, sus trabajos sobre la viruela o el saneamiento de aguas redujeron de forma destacada la mortalidad por esas causas.
3. La calle Niños dormidos estaba entre el callejón de los Franceses y la Plaza de Capuchinas.
4. La calle Sucia estaba próxima al Campo del Príncipe, entre Cuartelillo y Conde. En otro tiempo fue conocida como calle Sucia la calle Trinidad,
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